domingo, 13 de septiembre de 2009

Resto arqueológico

Las pestañas, trampolines
de la laguna en tus ojos
de helechos y enredaderas
que se trepan a mis hombros
para enterrarse en mi espalda
(sólo así, sin preguntar)
La nariz, perfecta guía
del camino hacia los labios
en su sonrisa de luna
que arroja invisibles dardos
usándome de diana
(tampoco pidió permiso)
Y ya ahí, sólo eso queda
se fueron ya luna y lago
dejando atrás las raíces
las hojas, hoyos y dardos
y los deseos invadidos
(restó un anhelo verde)

Ya que no estás, te imagino.

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Ése segundo de más, en el que uno normalmente apartaría la mirada a un lado pero por algún motivo no se ve capaz de hacerlo; ese mantener la vista fija en los ojos del otro y olvidar -hasta que el vértigo repentino devuelve todo a su ritmo habitual - es una de las más claras muestras de que el tiempo ni existe, ni importa.

espejismos

Memorizó libros enteros, creyéndose sabio por ello. Para todo tenía una cita, a la mínima de cambio se le llenaba la boca de frases de célebres pensadores, en cualquier momento y situación. Murió sin darse cuenta de que su vida no había sido más que un cúmulo de papeles polvorientos sembrados de firmas ajenas.

Reflexiones

La gente tiende, muy en exceso, a confundir abandono con aburrimiento; así pues, en numerosos casos, la más efectiva cura para la soledad lacerante consiste en buscar algo que hacer.

Alerta

Tan pronto sus miedos subieron al barco, entre gritos mudos y tensiones vibrantes de rojo, las ratas abandonaron la nave, huyendo despavoridas.

A lo que nadie atiende

Mientras tanto, las huellas siguen escondidas bajo la arena, haciendo creer a todo el mundo que el agua las hizo desaparecer.

Galleta de idea

Ni los mares ni los príncipes de cuento son, en realidad, azules; tan sólo se limitan a reflejar el cielo, confundiéndonos